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lunes, 19 de octubre de 2009

HOMENAJE A MIGUEL HERNÁNDEZ Y LA CABRA - ELEGÍA A DIANA


En una entrada posterior a ésta está escrita la


INTRODUCCIÓN a la Elegía a Diana

(Pincha aqui para leerla)


Del 30 de octubre al 7 de noviembre de 2009 se celebró en Rute un homenaje a la cabra y a los cabreros que tuvo como epicentro la figura del poeta cabrero MIGUEL HERNÁNDEZ. Estos actos fueron organizados por la Asociación para la Defensa del Borrico (ADEBO), cuyos responsables, Pascual Rovira y Francisca Caballero, me invitaron a participar en el evento. El viernes 30 de octubre participé en un taller y lectura de poemas de Miguel con mis alumnos y compañeros del Colegio Rural "Blas Infante"; y el sábado 31 participé a título particular en un acto al que asistieron poetas, estudiosos y familiares de Miguel Hernández, cabreros, Banda de Música de Rute y autoridades, recitando el poema "ELEGÍA A DIANA", escrito especialmente para el evento, antecedido por Una INTRODUCCIÓN que reproduzco en la entrada inmediatamente posterior a ésta y con el mismo título.



ELEGÍA A DIANA

La cabrita adoptiva de Kika y de Pascual.


Nunca tuve zapatos,
ni trajes, ni palabras:
siempre tuve regatos,

siempre penas y cabras.

(Miguel Hernández, cabrero y poeta)

Cuando me vean mis cabras

por la mañana ordeñar

se cambiarán de palabras

y unas a otras se dirán:

“-Éste ya no es Loma Larga.”

(Trovo improvisado por el trovero Loma Larga

después de ganar como premio un reloj

en una velada de “poetas” en Zambra)



Por Sierra Alta, su cielo y el mío,

se nos ha ido como el rayo la cabrita Diana,

con quien tanto sonábamos...


Yo vengo a ser doliente primo hermano

rumiando púas de cardos y coscojas,

despeñando mi rabia en los barrancos

y llorando leche agria de congoja...

Os agradezco un apretón de manos.


Lloro la muerte de las cabras blancas,

de las negras, berrendas y retintas,

de costeñas, moriscas y murcianas,

de cabras majoreras, granainas,

payoyas, moncaínas y veratas.


Yo Lloro la agonía de los cabreros

de la Sierra de Rute y de Gaena,

de Iznájar, de la Gallinera y Priego;

tanto o más que lloraba el de Orihuela

lloro el silencio mohoso del cencerro.


El silencio aciago de los alambres:

del zumbo y la piqueta pesetera,

del mediano y piqueta de tres reales,

las campanillas, las cascabeleras,

y el piquete mayor, de cinco reales.


Sus badajos de hueso y sus metales

repicando pastoral sinfonía,

los berridos, las voces de zagales

y ladridos de perros componían

baladas nemorosas celestiales.


Lloro el fin del desfile de las cabras

por las calles cuando el sol anochece,

las mujeres saliendo de sus casas

para darle al cabrero el cueceleches

y que allí mismo se las ordeñara.


Como un chivo yo lloro igual que un niño,

como un chivo, que no como un cordero;

y al notar en el cuello el orificio

de la fría faca del recovero

me rebelo y berreo clamando auxilio.


Pues sabed que el andamio de mis huesos

y la mina encendida de mi sangre

se irguieron, chorro a chorro, de los pechos

caprinos y las manos de mi madre

hermanados en el rito del ordeño.


Era seda esa leche en las mañanas

en tazón de pan frito, era derroche,

don de dioses en las duras jornadas;

y tesoro de sueños por las noches

la íntima fuente de leche migada.


Y cuando las ubres se prodigaban

acreciendo su milagroso don

el portento del cuajo revelaba

la miga del queso y el requesón

que la pleita escurría y moldeaba.


Desde el hondo misterio, en la alacena,

preñados de oro aceite, me miraban

los ojos blancos de la luna llena

de aquel queso otoñal hijo del alba

del prodigio de las primeras hierbas.


Es el queso de cabra quintaesencia

de la luz atrapada en clorofila,

de elegidos bocados, de querencias,

de la música afín de las esquilas

y aromas afrutados de turgencia.


Exquisito bocado fresco y blanco,

maduro “bocato di cardinale”,

y al surgir de la quesera añejado,

sustancioso de picores florales,

se antojaba manjar de Padre Santo.


Pues la cabra es de suyo “caprichosa”

eligiendo las yerbas más lozanas

y las flores más limpias y olorosas;

y no bebe si no es de un agua clara

sin olores de bestias ni babosas.


Cuando niño, al salir de la escuela,

yo tenía que carear mis cabras

en la estela feraz de las cunetas

o mudarles la estaca y darles agua

(a veces se la eché por la cabeza).


Con ellas yo aprendí hasta el escondido

secreto de la vida procreadora

de llevarlas a aquel macho cabrío

de la piara que Antonio el de Amadora

tuvo en Portugalejo, junto al río.


Cuando el macho olisqueaba el mandao

y Antonio le quitaba la capacha,

se sacaba aquel lápiz colorao

y al quedarse la cabra cornigacha

le escribía en el trasero su recao.


Conocí las piaras de Tiburcillo,

del Molejón y del Cortijo Nuevo,

de las Capellanías y de Trujillo,

que alojaban las cabras a renuevo

y me dieron un susto de chiquillo.


Y es que mi padre porque yo estudiara

me asustó con mandarme de cabrero,

al cortijo Salmerón con la piara,

a velar las siestas en los oteros

y a tirar de honda y piedra viborera.


Yo estudié y mis faenas desempeño,

apacentando niños y no cabras,

no he llegado ni a figurarme el sueño

que mamaron Miguel o “Loma Larga”

yendo del corazón a sus ordeños.


Yo ya sé que un redil no es un palacio,

que no son conguitos las cagarrutas,

que la vida pastoril no va despacio

y el cabrero que vuelve de su ruta

llega al establo sudoroso y lacio.


Yo ya sé que la Arcadia no existió

ni existieron Nemoroso ni Salicio,

que Amarilis, Galatea o Corindón

fueron gráciles inventos de Virgilio,

Garcilaso o Jorge de Montemayor.


Pero quiero creer que vuestra Diana

fue esa pastora de los siete libros

que amó a Sireno y que Silvano amaba,

o una ninfa del agua del olvido

que la sabia Felicia preparaba.


Y quiero imaginarla en la pradera

superior, dispuesta para el ordeño,

blanca leche por dentro, blanca fuera,

blancos chorros de estrellas en despeño

de lluvia que nos nutre y nos macera.


Se habrá unido al rebaño de palomas

azuladas que llaman las cabrillas,

radiará con su luz nuestros estomas

y en las noches sin luna ni neblina

guiará nuestros pies de loma en loma.


Yo le colgaré haces de ramones

blanquiverdes de paz y fortaleza

y subido en los altos farallones

de la sierra, la llamaré con fuerza

hasta ver como asoma sus pezones.


Me dará su leche vivificante

y cuajaré mis poemas más sabrosos

en versos blancos de poeta rumiante;

os los daré en taquitos generosos

plenos de su poder letificante.


¡Vivan las cabras de la tierra y del cielo,

vivan los chivos y chivas que cosechen

vivan zagales, pastoras y cabreros;

y vivan los hijos de la buena leche

blancos por fuera y más blancos por dentro!


“Echemos la despedida

que las cabrillas van altas

y viene la luz del día

descubriendo nuestras faltas”

(Letrilla popular de ronda y aguilandos)




Postdata sobre la "Elegía a Diana":


Desde que recogí este poema en el blog son muchos los internautas que han entrado en él buscando, al hilo de las celebraciones del año Hernandiano, poemas sobre Miguel y las cabras, muchos de ellos especialmente de la zona de Levante donde seguramente su figura y su aniversario han estado especialmente presentes. No pensaba cuando escribí el poema que iba a tener esa difusión y desde luego que me congratulo de ello... Pero, más que por vanidad literaria de la que los poetas novatos y poco conocidos andamos escasos, lo hago por el tema de fondo sobre el que se levanta el poema: el acoso y derribo de una forma de vida ancestral y entrañable que amenaza desaparición inminente: La ganadería caprina en general y especialmente las explotaciones del ámbito rural en que me muevo.


Tan es así la cruda realidad que el diario CÓRDOBA de hoy 16 de Agosto de 2010 viene a darme la razón a través de un artículo de MIGUEL FORCADA SERRANO, cronista oficial de Priego de Córdoba, quien con el sucinto y exacto nombre de "CABRAS" escribe un artículo que no sólo abunda en lo que yo intento apuntar en la "Elegía...", de la que cita algunos versos, sino que pone los puntos sobre las ies de la prosa impía de la mercadotecnia y de la indiferencia política y administrativa ante un enfermo que amenaza un coma inminente.


Como el artículo no tiene desperdicio, dejo aquí el enlace para quien esté más y menos sensibilizado con el tema, pues de cualquier forma se trata de un asunto de conciencia sangrante; y yo solamente me permito hacer un comentario castizo tomado del terreno: ¡Yo no sé qué leche habrán mamado tanto político inútil y tanto mercader espabilado! ¿Habrá sido alquitrán?


Para leerlo pincha aquí:


http://www.diariocordoba.com/noticias/noticia.asp?pkid=578737


En otro orden de cosas, anuncio que estoy queriendo subir el video que TeleRute grabó sobre el homenaje a Miguel, la parte en que yo participo con el poema. Espero poder hacerlo en las próximas semanas en cuanto resuelva ciertos problemas técnicos (bueno, esto queda bien, pero en realidad es que todavía tengo que aprender a editar video, esto queda más honesto, y espero que sea pronto).


Gracias por vuestra presencia


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