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jueves, 15 de octubre de 2009

PREGÓN NTRA SRA DEL CARMEN LLANOS DE DON JUAN


PREGON A NUESTRA SEÑORA

MARIA SANTISIMA DEL CARMEN

LLANOS DE DON JUAN

AGOSTO, 1998



José Puerto Cuenca





Madre María Santísima del Carmen, Sr. Cura Párroco, Miembros de la Cofradía y Junta de Festejos, Reina de las fiestas y damas de honor, queridos vecinos y vecinas, chicos, grandes y mayores:

Cuando por parte de la Cofradía se me propuso ser el pregonero de las fiestas de 1998, se me vino a la cabeza un chiste de un niño pregonero, que por ser irreverente no estaría bien contar aquí, y otro de un mejicano muy perro que para ahorrarse trabajo, cuando el compañero iba diciendo "tengo de esto, y tengo de lo otro, y de lo de más allá...", él repetía: "Y yo también, y yo también, y yo también...". Así pues me preguntaba qué podría decir yo de nuevo y de bueno sobre las Fiestas del Carmen que no se hubiera dicho ya, habida cuenta de los memorableS pregones que se han hecho a Ntra. Sra. en los últimos años.

Y es que la mercancía que hay que pregonar y vender es de tan buena calidad, es tan selecta, es tan auténtica y tan de verdad, y por otra parte tan conocida, que uno tiene la sensación de que se vende sola, sin necesidad alguna de pregonero que la pregone...

Pero en fin, aún sin saber por donde iba a tirar, porque repito que ya casi todo está dicho de Los Llanos y de sus fiestas, tuve que decir que sí, porque decir que no hubiera sido negar la parte de Llanero que me toca, que es tan grande como que me viene de mi madre, y que difícilmente podría arrancar de mí sin ser un malnacido.

Lo que sigue a continuación, más que un pregón solemne y poético en toda regla, que yo no sabría como hilvanar, es un testimonio personal, en el que más que contar la historia de Los Llanos, ya sabia y poéticamente contada entre otros por Juan José Henares en su exquisito pregón de hace dos o tres años, os voy a intentar hablar, desde mi particular punto de vista, de la historia de mi generación, o lo que es lo mismo de casi la segunda mitad de este siglo; y de cómo yo he vivido este pueblo, y este ser celestial y luminoso que, reflejado en esta dulce imagen que tenemos delante nuestra, representa lo más ancestral, sagrado y auténtico de nuestra "alma llanera", que tal como dice la canción es hermana de las rosas y del sol; alma llanera que en estos días desempolvamos, despertamos y acicalamos como mejor podemos, y demostramos así que el ciclo de la vida no se extingue, que sigue su curso, y que por eso estamos de fiesta: Porque estamos vivos... "a-n-i-m-a-d-o-s"

Pero, para llegar al ALMA, hay que pasar antes por el cuerpo y casi recorrerlo de abajo arriba, empezando por los PIES y pasando después por tres sitios que para que se dé la vida tienen que estar conectados perennemente con el ALMA. Estos tres sitios son: EL ESTÓMAGO, EL CORAZÓN Y LA CABEZA.

Estos son los tres órganos más vitales de las personas, y se podría decir simbólicamente que también lo son de los pueblos. Estos tres órganos se relacionan bastante bien con las tres edades del hombre: LA NIÑEZ con el estómago, LA JUVENTUD con el corazón, y LA MADUREZ con la cabeza respectivamente.

Y todo esto viene a cuento de que le he visto bastante sentido a enlazar mis recuerdos y experiencias llaneras y carmelitanas con esos tres órganos, siguiendo el hilo de las edades que representan.

Y empecemos pues por el principio, o sea por el estómago, y por más abajo incluso: por los pies; esto es por los recuerdos y sensaciones que tengo de los muchos momentos de mi niñez que pasé y paseé por Los Llanos.

Bueno, pues yo no nací aquí, pero sí nací de aquí, y de una Carmen precisamente, la hija mayor de mis abuelos Manuel y Araceli. Una Carmen en quien puso los ojos un mocito del Nacimiento, que se pasó quince años subiendo y bajando la Cuesta Zambra, o la Cuesta Los Llanos según se mire; hasta que al final se la llevó, y con ella se llevó un trozo de Los Llanos, un trozo del que yo nací con premeditación y alevosía. Un trozo del que me crié con leche de Los Llanos, con agua del Nacimiento, y sangre, sudor y aceite de los dos sitios.

Tampoco he vivido en Los Llanos, aunque poco faltó para que mis padres se establecieran aquí; sin embargo no lo hicieron finalmente.

Y digo que no he vivido, pero miento, porque mis pasos confundidos con los de muchos de vosotros, lo recordaréis la gente de mi edad, a veces se perdieron jugando a "resconder" ahí mismo en los huertos, o a pistoleros aquí detrás en la "Estacá Rute", o "changüeando" para aliviarnos de las canículas estivales en los caños del "Pozo Viejo"; que por cierto... ¿Dónde estará ahora el Pozo Viejo?... siempre lleno de mujeres lavando aquellos enormes baños colmados de ropa... ¡con cada taco de jabón casero tan grande como un ladrillo!... ¡Aquello sí que era lavar!

¡Y cuántos pasos perdimos en los rigores de la siesta correteando y tragando polvo en las eras, y paseándonos en los trillos, aquellos tiovivos de grana y oro (grana por el tiro de sangre y oro por el reflejo de la paja brillante) que hacían nuestras delicias como si de los mismísimos de la feria se tratara. ¡Y dónde iba a parar... eran mucho más baratos!

Además, los mayores a veces nos subían para aligerarse un poco su trabajo: a los más grandes nos confiaban el cabestro para que diéramos unas "güertecillas" mientras iban a por el gazpacho; y los chicos siempre veníamos bien para que con el mayor peso encima del trillo, la parva se acabase antes.

Y ese trabajo de "sacar el agosto" (de donde quizá venga también la expresión "hacer el agosto"), duro como ninguno, y de vital importancia para todo el año, porque proporcionaba, además del alimenticio grano, el combustible de los vehículos, esto es la fuerza de los animales; duraba y duraba y llenaba casi todo el verano, hasta el punto de que las fiestas, que parece ser se celebraban antiguamente un mes antes, el mismo día de la Virgen del Carmen, tuvieron que ser aplazadas para que los cohetes no provocaran incendios en las eras.

¡Las eras! De día tiovivo dorado y brillante, y de noche inmenso dormitorio de campamento. De día el sol, el sombrero, los bielgos, las palas, las mieses por el aire, y el cántaro boquino a la sombra de la higuera; y de noche las sábanas de muselina y la luna (¡tan grande como una taza y va contigo a la plaza!),... y las estrellas brillantes, misteriosas, mirándonos y haciéndonos guiños desde lo alto,... y el aire limpio y fresco, lleno de oxígeno...; y el olor de tierra mojada y de aroma del huerto cercano;... y entre tanta inmensidad, el canto agudo y estéreo de los grillos ("sal, sal, sal grillito real, que viene tu padre con una carguita de sal y no puede entrar"),... y el canto grave y cadencioso del arroyo, adivinanza sonora y fresca del agua,... y el canto musical y aéreo de los pájaros, que antes de que el primer rayo de sol apuntara en el horizonte pregonaba la vuelta al trasiego diario a la barcina, la trilla, el aviento, el abaleo y el acarreo.

¡¿Cómo se les podría explicar a los nenes de ahora lo que se sufría, lo que se sudaba y se trajinaba, pero también lo que se disfrutaba, lo que se jugaba y se soñaba?!

Luego, un poco mayores ya, también se nos perdieron los pasos carretera arriba y carretera abajo, y paseo arriba y paseo abajo. Me refiero, claro está, a la carretera "empedrá" que hay debajo de la actual y que según el ingeniero de Obras Públicas era una obra de arte hecha por su padre y no se podía tocar, por lo que estuvo muchos años sin asfalto. Fuese obra de arte o no, y fuese más o menos incómoda para los coches, lo cierto es que no lo era tanto para los mulos y los carros que todavía arrastraban airosos y traqueteantes su carga generosa de cereal o aceituna; y como los coches, además de escasos eran más lentos que los de ahora, no hacían falta ni semáforos. Por otro lado, al estar más baja que los tranquillos de la acera, no se arriaban las casas como ahora.

¡Y es que a veces el tiempo demuestra que lo moderno no es lo mejor necesariamente!

Tampoco me refiero, claro está al paseo de ahora, sino a aquel paseo grande como una haza y verde como una selva, que por lo visto se hizo con un dinero que venía destinado para un cementerio, y que tenía unos bancos de madera, brillantes de tanto restregar los traseros en ellos, que sabían todos los secretos juveniles por ser unos lugares de reunión tan acogedores... ¡Que eran como el sofá de tu casa pero al aire libre! (Bueno en el tiempo que estoy hablando, me parece que en tu casa no había ni sofá; por lo menos en la mía).

Así que el paseo era, para los que todavía no habíamos viajado mucho, como el salón público vespertino donde todos y todas cabían; y nos parecía que no tenía nada que envidiarle al Parque María Luisa o al del Retiro. Por otro lado, además de usarlo como lugar de juegos y carreras, era también el centro de la "movida", ¡qué aquello sí que era "movida" según el rebaje y el trasiego de gravilla que le hacíamos a fuerza de pasos y más pasos!

Fue precisamente en el paseo recién estrenado donde yo hice mi primera comunión pertrechado con aquél uniforme azul marino con aquellos botones y entorchados dorados y aquella estrella de seis puntas de alférez de navío... ¡No era yo nadie aquél día!, ¡No éramos nadie todo aquel cortejo de niños y niñas, por lo menos quince o veinte aquel año, aunque a mí me parecía que formábamos todo un regimiento!... Nosotros vestidos con uniformes celestiales de tierra, mar y aire; y ellas con traje largo de tul blanco ilusión, con su miriñaque, su velo y su limosnera. ¡Que les faltaba la varita mágica para ser hadas milagrosas escapadas de un cuento!

¡Qué día aquel de hace ahora treinta años!: Todos y todas las que la hicieron conmigo se acordarán...

¡Qué ceremonia más natural, más hermosa y más entrañable organizaron un sacerdote y unas maestras del pueblo precisamente a quienes todos tenemos en mente y recordamos con gratitud por hacer que ese día se nos quedara grabado para siempre!

Luego no hubo convite con langostinos, ni gordos ni finos, porque yo creo que todavía no se habían inventado (bueno, entonces le veías los bigotes a una gamba de feria en feria y se te iban los ojos y la nariz detrás).

Tampoco hubo tarta de seis pisos, porque aquí eso no se conocía, y cuando se hacía una casa a duras penas se le ponía la torre; y eso de los pisos era cosa de "los Madriles y las Barcelonas", donde por cierto se decía que ataban a los perros con longaniza (y a los gatos seguramente con butifarra); ... y que luego no sería tanto... porque cuando los emigrantes venían de veraneo a su Llanos natal, a sus raíces, a su lugar en la tierra, a su madre para bien decir, coincidiendo su llegada en avalancha precisamente con las fiestas; mientras relataban a sus familiares y amigos su mayor o menor fortuna en tierras lejanas, eso sí hablando siempre en forastero finoli... ¡Buenos enristres que les daban a las orzas de la matanza!.

¡Ah!, ¡Las matanzas!, ¡Qué acontecimiento tan largamente esperado desde que se encerraban los cochinos en primavera, y qué delectación verlos crecer y engordar en promesa de abundancia y hermosura!, ¡Y qué derroche de cárnica energía!, ¡Y como cumplía y alimentaba durante todo el año!... ¡Que hasta los andares del cochino se metían en la tripa!;... y además... ¡Hasta se aprendía anatomía!... Decían los viejos: "Si quieres ver tu cuerpo, abre un puerco"... Y es que por entonces eran raros todavía los modelos anatómicos en las escuelas; y no había casi inventos ningunos... Por no haber no se había inventado ni el colesterol... Ahora, eso sí, había unos azadones, y unos escardillos y unas chapulinas, como dice la gente Málaga, que hacían milagros.

Y aquellos tesoros de pringue o salazón se unían a las "delicatessem" de los huertos regados con agua fina del Pozo Viejo, de la Fuente Negrales, de la Mina o de la Tajea; y a las delicias de la tierra calma, sembrada, segada y barcinada con pulso firme, sudor y paciencia; y luego nuestras abuelas, con mano magistral, sabia y amorosa, aderezaban aquellos guisos de olla de leña y sartén de cabo largo, que cuando entraban en nuestro cuerpo nos musicaban las entretelas... nos transformaban de talento, y nos esculpían de gloria y de hermosura;... porque aquello era la gloria con tomate, la gloria con garbanzo y habichuela, la gloria con jamón tocino y hueso, con gazpacho "majao" en un dornillo;... y aunque fuera solamente la gloria pobre con pan y aceite, o con agua, sal, ajo, vinagre y escarola (porque ese día no hubiera otra cosa), aunque fuera una gloria así como más ligera y más humilde, ¡Hermanos, la gloria era!; porque ¿Puede haber mayor gloria que comer como Dios manda?

Pero, en fin, dejemos ya el estómago que ya estamos bien repletos, y hagamos votos por llenarlo siempre con el alimento natural que necesita, y no de estiércol o comida basura. Y para seguir el paralelismo propongámonos también criar a nuestros hijos de la manera más parecida a aquella natural con la que nos criaron, que prefiere más el sacrificio que el vicio; porque es bien sabido que a los hijos como al estómago, no hay que darles siempre lo que se les antoja, sino lo que necesitan.

Solamente me cabe hacer una alusión estomacal a Nuestra Madre del Carmen, ya que a este nivel terreno, la Virgen bajo cualquier advocación representa el principio femenino de la creación, la Madre Tierra; siempre generosa y paciente con sus hijos, y que nos proporciona en cada estación los frutos que necesitamos, y ello a pesar de los atentados y los pecados ecológicos que no cesamos de cometer contra ella, contaminándola, ensuciándola, esquilmándola y pidiéndole, siempre pidiéndole más y más y más: hasta que la dejemos seca.

Y no me quiero extender mucho en este punto, pero dejo esta reflexión en el aire: Con nuestra ceguera nos estamos cargando el paraíso terrenal y ensuciando la virginidad de Nuestra Madre Tierra, que como digo es la dimensión física de Nuestra Madre Espiritual del Cielo; y si no tomamos conciencia de ello, cuando queramos remediarlo ya no habrá tiempo.

¿Y cómo podemos evitarlo? Pues sencillamente viviendo un poco menos para nuestro propio estómago, para nuestro buche, para nuestro "avío"; y pensando más en el bien de la comunidad, dignificando así nuestra vida y dándole un sentido más elevado.

Subamos pues un peldaño, y lleguemos al corazón: Y lo primero que se nos viene a la memoria, alegrémonos otra vez, son nuestro diecitantos o nuestros veintitantos años, cuando ya hacía tiempo que no queríamos llevar pantalón corto y habíamos dejado de mostrar interés por pasearnos en los columpios (aquellas barquillas de madera que surcaban los cielos llaneros, a bordo de las cuales remontaban una y otra vez nuestras alegrías infantiles al ritmo de la Minifalda o el Porompompero); y tampoco nos llamaba la atención el tiro-pichón con sus escopetillas de plomos con el cañón ladeao (con las que había que hacer un sesudo esfuerzo de concentración y puntería para conseguir un indio de plástico o un chicle bazoka de premio); que eran las dos atracciones, los columpios y la caseta de tiro, continuas y aseguradas que formaban la feria cada año, pues poco más había, ya que durante una época hasta el baile estuvo mal visto y casi prohibido; y a lo más que se podía aspirar era a tomar una Fanta con papas fritas, lo cual ya constituía toda una celebración, o a dar un sano paseíto en el que ya se empezaban a cruzar entre los chicos y las chicas las primeras miradas y las primeras risas, bien de complicidad, bien de desdén, bien de vergüenza, y siempre de virginal inocencia. Y la noche entera se podía ver colmada con una miradita, una sonrisita y un paseo: "-Señorita, ¿Me permite un paseíto?", era el típico formalismo de abordaje cortijero, y el clásico "-¿Estudias o trabajas? Fue aprendido enseguida por los más "litris".

La cosa se enmendó bastante cuando empezaron los bailes, que como no los ponía el Ayuntamiento, sino un particular, se hacían en el paseo con un cercado de cañizo, y había que pagar cinco duros para entrar y poder bailar al son de la orquesta pachanguera de turno, que con aquellas primeras guitarras eléctricas, aquellas primeras melenas, aquellas barbas y aquellas modernuras, nos extasiaban y nos hacían dar botes más o menos "psicodélicos" a lo que nuestro "inteleto" nos dictaba, que la cuestión no era bailar sino ver cómo llamábamos más la atención los niños de las niñas y alrevés.

Y en aquellos maravillosos años, que ahora de vez en cuando se suelen recordar en televisión, nos convertimos: nosotros, no sé si en unos "chicos dinámicos", en unos "diablos", o en unos "escarabajos ingleses", que vete tú a saber... y si ellas en "amores de quince años con dulces trenzas como una flor", en "marionetas en la cuerda", o en "chicas ye-yes que no se querían enterar".

Lo fijo y lo cierto es que ya habíamos dejado de buscar el carro y habíamos comprendido que los toros no llevan minifalda; tampoco nos hacía ya ilusión ser mineros, ni emigrantes, ni precavidos amigos conductores, ni angelitos negros, ni incluso flores de la raza calé.

Nosotros lo que queríamos era hacer estallar nuestras energías juveniles brincando, saltando y dándonos "picaero" con las palomitas de maiz, con el baile del "Bimbó" o el de "Los pajaritos", buscando la manguera o la escalera sin perder el compás, enrolándonos con los Hermanos Pinzones, o soñando con barrer el mundo y dejarlo limpio como la patena si tuviéramos una escoba... ¡Cuántas cosas hubiéramos barrido si hubiéramos tenido una escoba!, ¡Pero escobas había pocas, y mucho menos que se vendieran!

Y lo que sí barríamos era el polvo del paseo que nos lo llevábamos en los zapatos de tacón alto y en los pantalones de campana entonces a la moda. Y cuando se acababa el baile suelto y la orquesta empezaba a tocar a ritmo de melodía melosa y melodiosa la pista se despejaba de quinceañeros y se quedaba sola; y ya menos algunos atrevimientos que luego eran famosos y publicados por unos días de boca en boca, casi todo eran miradas nerviosas y comezones de uñas de pura indecisión y disimulo, y no sabíamos qué hacer, la verdad...

Si buscábamos a la Tani, ya hacía tiempo que no se oía hablar de ella, ni tampoco de Mariquilla la chiquilla; y para qué soñar con la hija de don Juan Alba si se había metido monja... Esperanza sólo sabía bailar cha-cha-cha, María se acostaba de día, Noelia, Noelia... "No ela lo que nosotlos quelíamos", y María Cristina nos quería gobernar; así que nuestros sueños a lo más que aspiraban era a irnos a la playa (donde por cierto no habíamos estado desde que salimos de Cuba dejando enterrado nuestro corazón, y de eso hacía rato ya)... Eso haríamos, irnos a la playa: Claro que no sabíamos si irnos con María Isabel porque tendríamos que estar todo el rato diciéndole para que no se quemara: -¡Niña, coge tu sombrero y póntelo!; o con Eva María la del bikini de rayas y la maleta de piel que nos abandonaría sin la menor indulgencia, la muy fresca.

Y al final, ya lo que nos daban ganas era de irnos con la lágrima que cayó en la arena y una ola "atrevía" hacia el mar la llevó ("el mar, espejo de nuestro corazón")... Aunque pensándolo bien, de ir a la playa lo suyo era ir a Mallorca, tal como nos lo dijo un tal Pérez (que por el apellido debía ser de Los Llanos), y que vino encantado de todas las cosas que vió por allí... Sin embargo el problema era que con el miedo que teníamos al avión y al barco... ¡Aún no habían construido el puente desde Valencia!

¡Total, que nos quedábamos una feria detrás de otra sin ligue y sin baile "agarrao"!

Pero en fin... luego nos recuperábamos, y ya a la hora de los fuegos artificiales veíamos los cohetes brillar reflejados en los ojos de alguna INMACULADA, de alguna ARACELI, alguna MERCEDES, de alguna Mª Carmen o de alguna otra prójima, criada lo mismo daba aquí que fuera, pero sin duda fruto milagroso y ofrenda del mismo árbol del paraíso llanero en el que ellas tienen, y aquellas de quienes hablo tenían, un origen común. Y entonces, al comprender repentinamente que todos nuestros anhelos amorosos podían ser realidad si quisiéramos de forma rotunda y verdadera, y que incluso esa realidad podía superar con creces nuestros más acariciados sueños, se nos encendía en el corazón con las últimas palmas reales una chispa de esperanza que nos hacía olvidar la "perfidia onírica" en la que habíamos estado sumidos, y pensábamos en si a la tal fulanita la veríamos en la feria de Rute, en la de Cabra o en la de Lucena.

Y la rueda del corazón seguía girando, y el corazón seguía latiendo como las olas del mar... Y quizá entonces no éramos muy conscientes de ello, pero debiéramos habernos dado cuenta de que otra vez Nuestra Madre del Carmen, Madre y Novia espiritual de todos nosotros, era la que nos estaba enseñando a amar: Nos había hecho elevar con cada cohete una mirada al cielo, y encender con cada bengala nuestro corazón, salvándonos así de morir de morir ahogados en el mar rebelde, difícil, bravo y tenebroso de nuestros quince años, en el cual a duras penas aprendimos a nadar.

Sea como fuere, ella, entonces como ahora marinera y celestial, nos hacía y nos hace elevar nuestra densa materia terrestre para convertirla en algo más sutil, más ligero y mucho más luminoso: En ilusión, en fe en nosotros mismos y en los que nos rodean, y en amor a este mundo y a esta vida que nos ha tocado vivir y que, sea como sea, es la mejor que tenemos.

Y es que ella, tal como le cantan en la Salve Marinera los pescadores y marinos cuando en su día la sacan en barca a procesionar las costas de prácticamente toda España, es:

"Estrella de los mares,

de los mares iris

de eterna ventura."

¡Cómo pone el vello de punta esta salve cuando se tiene la oportunidad de escucharla en medio de una salada y descalza procesión marinera!

¡Y qué sincera devoción le tiene la marinería, y cómo acuden a ella siempre que están en peligro!

Ella sabe gobernar y amansar las olas y los temporales como ninguna, porque, como sigue la salve diciendo, ella es:

"Fenix de hermosura,

Madre del Divino Amor.

De su pueblo a los pesares,

Su clemencia da consuelo.

Fervoroso llegue al cielo

Y hasta ti, y hasta ti nuestro clamor."

"Ella sabe mejor que nadie que la vida surgió en el mar, y se complace en favorecerla tanto en la mar como en la tierra, donde por ejemplo en un lugar muy cercano de aquí, entre aromas de alambique, de horno navideño y de almazara, se le cantan "Coplas de Aurora", de esas que en las noches de nuestra Andalucía nos despiertan por la "madrugá" y nos hacen llorar al son de sus campanillas; y ahora las leo, pero al final me gustaría que las cantáramos todos si os parece bien, así que id aprendiéndolas:

AURORA DE NTRA. SRA. DEL CARMEN DE RUTE (Fragmento)

Estrellita del Monte Carmelo,

Lucero Divino de intenso brillar,

Norte y guía del fiel marinero

en la oscura noche del terrible mar.

Camino y Verdad,

y Sendero del hombre en la tierra,

sembrado de Gloria, de Amor y Bondad.

Es María la Nave de Gracia,

San José la Vela y el Niño el Timón,

donde van embarcadas las almas,

que van en carrera de su Salvación.

Poned atención:

que esta Nave flamante y hermosa

es Templo y Sagrario del Hijo de Dios.

La Virgen del Carmen su pelo tendió,

hizo una cadena que al Cielo llegó.

Sí, ella nos tiende siempre una parte de su cuerpo glorioso y celestial, aunque sea un mechón de su pelo hecho una cadena, para que subamos al cielo por ella, o para que el cielo baje a la tierra, que así es como está anunciado por los profetas, y repetido hasta la saciedad, que vendrá el reino de Dios.

Ello sólo será cuando, mirándonos en el espejo del Sagrado Corazón de María hayamos aprendido a amarnos de verdad unos a los otros tal como su hijo nos amó y nos pidió que hiciésemos; porque al paso que vamos no nos va a quedar más remedio que vivir de corazón con nuestro prójimo... o no vivir, porque sólo el amor nos puede sacar del desierto en que la humanidad se está metiendo sin darse cuenta.

En fin, no quiero yo tampoco dármelas de profeta, pero sí me gustaría para acabar este apartado del corazón, ya que la vida que Dios nos da, sólo la puede transmitir una madre, hacer un pequeño homenaje al amor más auténtico, al más verdadero, al amor materno, recordando una sencilla y emotiva canción de aquellas que sonaban en estas fechas en los discos dedicados de "Radio Atalaya", y que aunque a algunos les pueda parecer un poco caduca, yo creo que bien merecería la consideración de himno carmelitano, y convertirse así en un clásico.

Va dedicada, cómo no, a Nuestra Madre del Carmen primero, y después a todas las Cármenes, a todas las Madres; y en especial a mi madre que me estará escuchando y a mi hija Carmen que no se enterará de mucho porque la bautizamos el año pasado, precisamente aquí en esta iglesia.

Como ya todos tendréis el papel en la mano espero que cantéis todos o tarareéis los menos valientes por lo menos el estribillo: Así, cantándola todos si luego llueve no me llevo yo la china de aguar la fiesta.

MADRECITA MARIA DEL CARMEN

Yo quisiera decirle a la gente

lo que mi alma siente,

cuando pienso en ti:

Un amor que te besa la frente,

dulce y sonriente,

contento y feliz.

Madrecita María del Carmen,

en mi corazón...

Se me vuelve tu querer cante campero,

y cantando te digo ¡Cuánto te quiero,

torrecita de mi vida y mi ilusión!

UN ALTAR LLEVO EN MI PECHO ARDIENTE,

A LA MADRE QUE ME DIÓ A MÍ EL SER,

A ESA MUJER TAN BUENA Y VALIENTE,

DE INMACULADA FRENTE, TEÑIDA DE LAUREL.

MADRECITA MARIA DEL CARMEN,

HOY TE CANTO ESTA BELLA CANCIÓN,

CON ELLA TE BRINDO MI CARIÑO,

Y LO MISMO QUE CUANDO ERA UN NIÑO,

EN MIS LABIOS PONGO EL CORAZÓN.

De rocío se llenan las flores,

que en la noche bella

beben sin cesar;

y mi alma se llena de amores,

cuando pienso en ella

y empiezo a cantar.

Y la copla, hecha golondrina,

se pone a volar...

Y en llegando hasta mi madre se reclina,

y en sus brazos de azucena y clavellina,

es mi alma la que se pone a soñar.

UN ALTAR LLEVO EN MI PECHO ARDIENTE...

Bien, y ya que hemos subido de tono con la emoción y hemos tocado la frente de Nuestra Madre, quedémonos arriba, en la frente, en la azotea, en el lugar más alto del cuerpo; desde donde todo se divisa desde una perspectiva bien distinta, desde la perspectiva de quien ha recorrido el camino que empezó abajo, en los pies, y ahora se ve en la cima.

Aquí las cosas que antes nos parecían lo más grande del mundo, nos parecen ahora más pequeñas; y muchas de aquellas otras pequeñas cosas sin importancia han tomado un valor nuevo que no sospechábamos: Creo que estamos en situación de darle a cada detalle de la vida su importancia justa.

En esta situación está ahora la gente de mi edad y la que tiene algunos años más, y que después de una vida de sacrificio, de aprendizaje y trabajo duro, cada cual en lo suyo, ha triunfado a su manera y está en la plenitud... "a la cabeza".

Unos, muchos de nosotros, los que siguieron la tradición del trabajo en el campo, transformando con tesón y dominio la tierra, el sol y el agua, en oro líquido, en aceite. Siendo agricultores su sudor también se ha visto recompensado en los últimos años y se ha convertido en riqueza y en dignidad; y de paso han descubierto que unidos, cooperando, se llega más lejos, y saben que tienen que llegar más lejos todavía. Se han dado cuenta de que el trabajo no se debe tomar como un castigo o una condena, sino como una bendi ción; y de que, como dijo Cicerón, el filósofo romano:

"La agricultura es la profesión propia del sabio, la más adecuada al sencillo, y la ocupación más digna para todo hombre libre."

Otros, que fuimos "desertores del arao", cuando el arao daba muchas duras pero muy pocas maduras, nos abrimos camino como comerciantes, artesanos, conductores, carteros, constructores, técnicos... Y los que tuvimos la oportunidad, que entonces no la tenían todos, nos agarramos a los libros, y con nuestros padres siempre detrás de nosotros, "a Dios rogando y con el mazo dando", los libros, los codos y la paciencia nos hicieron maestros, profesores, banqueros, médicos , abogados, funcionarios (alguno hasta de la Corte Real)... Y la mayoría ahora ocupamos puestos de responsabilidad en los que nos sentimos satisfechos y realizados, y nos acordamos de aquél "árbol de la ciencia que había al lado de la carretera donde nos reuníamos en nuestras interminables tertulias filosóficas , y donde tantas veces arreglamos el mundo.

Y el mundo con los años, para la mayoría de nosotros se ha arreglado, y ahora la vida en general nos sonríe a todos... Y nuestros "viejos", así entre comillas porque tan viejos no son, se sienten satisfechos de vernos a nosotros y a sus nietos disfrutar de todo lo que ellos no tuvieron la suerte de tener... Y es que, aunque unos más y otros menos, pero todos somos ricos; más ricos que la generación anterior, y mucho más que las que antecedieron: Somos la generación del "bienestar" ¿no creéis?

Pero ricos ¿de qué?, ¿de dinero?, ¿de casas?, ¿de fincas?, ¿de tractores y coches 4 x 4?... ¿Y ya está?... Y ahora que estamos instalados en el bienestar ¿podemos ir dejando pasar los años plácidamente bajándonos de vez el cuando al corazón, al estómago o más abajo, y disfrutar de los placeres que ellos nos pueden proporcionar como lo único que da sentido a nuestra vida?

¿Es ese el modelo de vida que vamos a dejar en herencia a nuestros hijos?... ¿Es ese un modelo que merezca la pena?... ¿o no pensáis que hay todavía mucho mundo que conquistar ahí arriba?... ¿No se os enciende de vez en cuando una lucecita que os dice que esto que vemos no es todo... que hay una realidad detrás de todo esto que trasciende la vida física que vivimos de cabeza para abajo? Creo que antes o después, aún salvando las diferencias de época, nos tendremos que agarrar a aquellos valores que cuando éramos críos todavía se practicaban en este pueblo. Me refiero, claro está, a los valores del espíritu, valores que mamamos entonces y que, queramos o no, hemos llevado dentro, aún sin haberles prestado mucha atención ni haber sido muy conscientes de ellos; y que nos han ayudado y orientado en nuestra vida a todos, por muy escépticos que hayamos sido algunos.

Hoy se habla mucho de valores humanos, de la libertad, la tolerancia, la comprensión, la no violencia etc. ¿Y creéis que esos valores están en el hombre porque sí sin más?... ¿O están en nosotros porque son parte de los valores divinos que tenemos los hombres y mujeres por estar hechos a imagen y semejanza del creador?

Hay que metérselo en cualquier sitio del cuerpo del corazón hacia arriba: ¡No somos nada sin Dios!.

Todo lo que tenemos lo tenemos prestado, y luego, cuando nos hayamos convertido en un montoncito de polvo no podremos llevarnos ni los coches, ni las fincas, ni el dinero ( la mentira más grande del mundo, según mi abuelo)

Solamente nos podremos llevar el Capital Espiritual que hayamos sido capaces de acumular en esta vida. Y ese capital es básicamente el capital del amor y de las buenas obras; que al final es lo que cuenta en todas las religiones... Y en la nuestra, ya lo dijo San Juan de la Cruz:

"A la tarde de la vida te examinarán en el amor"

¡Y quién mejor para enseñarnos esa asignatura, que a muchos nos resulta tan dura de aprender, que otra vez la Señora de la Puerta del Cielo, nuestra Madrecita del Carmen!

Ella, cuyo nombre hebreo, "Karmelh", significa "jardín de Dios", es la que puede hacer florecer nuestras vidas con los frutos del amor humano y divino.

Ella, cuyas resonancias latinas de "Carmen - carminis" aluden a "la belleza hecha poesía", es la que puede traer la luz y la belleza espiritual a nuestras vidas.

Ella, que empezó a ser venerada en el Monte Carmelo de Jerusalén hace ocho siglos por los primeros carmelitas, que la llamaron precisamente "Ntra. Sra. del Monte Carmelo", es la que nos puede levantar cuando nos encontremos en el barro y hacernos ascender hacia la Gracia de Dios.

Ella, que después se apareció a los carmelitas para traerles su escapulario, ese que hasta hace muy poco muchas de nuestras madres y abuelas llevaban y nos ponían a nosotros para que nos protegiera de todos los males, es la única que nos puede proteger de nuestro mayor enemigo; o sea, de nosotros mismos: de nuestros egoísmos y nuestros miedos.

Ella, que fue también, junto con la del Rosario, una de las formas en que la Virgen se apareció en Fátima a los tres pastorcillos en 1917, es la que, por ser más familiar a nosotros, nos puede sacar de la ceguera y la obcecación en que vivimos, haciéndonos partícipes del Espíritu Santo.

¡Santeros! Mañana cuando la llevéis a hombros no presumáis de fuerza ni de hombría, porque no sois vosotros los que la lleváis, es ella la que os lleva a vosotros sin que lo notéis... ¡Presumid de ir hechos una piña con el corazón y el alma de este pueblo!... ¡Y que no os pese ni pongáis cara compungida!... llevadla alegres, sabiendo que, aunque lo que vosotros notáis en el hombro son unos cuantos kilos de madera y de metal y una bella figura de escayola y esmalte... ¡Eso es sólo una foto pequeñita suya por muy hermosa que nos parezca!... ¡Ella es mucho más grande, mucho más alta, muchísimo más guapa y más luminosa!

Y todos y todas, rezadle a ella durante todo el recorrido: con cada cohete echadle un piropo, con cada bengala un Ave María, con cada vela un rosario. Hacedlo desde lo más profundo de vuestro corazón, aunque no se vea salir palabra de vuestra boca.

Y luego, con los fuegos artificiales habladle y elevaros hacia ella con todos los colores, con todas las músicas, con todos los gozos.

Y cuando acabe la función y encerréis su imagen en la iglesia, ¡A ella no la encerréis que ahí va a estar muy sola!; ¡Ni tampoco la dejéis en la calle, que a una madre no se la deja en la calle!: Encerradla dentro de vuestro corazón y sacadla luego en procesión todos los amaneceres de todos los días del año, ¡Sed su trono!, ¡Que la vean en vuestra cara!... Y no la dejéis que se caiga ni se escape de vosotros. Que así sea, amén.

Para finalizar animaros a cantar todos las coplas de Aurora que tenéis en la mano. Muchas gracias a todos.

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