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viernes, 25 de septiembre de 2009

A LA SEÑORA DE LA SIERRA DE CABRA

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Estos dos poemas de finales de 2003, un romance y un soneto, los presenté conjuntamente con el poema RETRATO DE PEDRO ADENTRO, dedicado a Pedro Iglesias Caballero, al concurso de su mismo nombre, ya inexistente. Espero que mis poemas permanezcan, al menos en el espacio virtual y me sentiría pagado con que algún egabrense atento me mandase algún mensaje diciéndome que le han gustado, junto con el poema a Pedro. Aunque no nombro a la Virgen de la Sierra expresamente, están inspirados en las huertas de Cabra y en el picacho de la Sierra, el romance pretende retratar un leve sueño de visiones rurales idílicas casi perdidas, y el soneto quiere captar el instante del amanecer en la Sierra de Cabra.


ROMANCE DE DUEN...DE REINA

Fue en una noche de junio,
de biznaga y de verbena,
cuando el plato de avellanas
se derrama en mil estrellas
y un queso grande y redondo
cuelga del cielo y se seca
en el humero exaltado
que sube de las hogueras...
Debí de haberme dormido
en la sonora humareda
cuando un duende bailarín,
voz de flauta travesera,
deslizándose en mi sueño
dijo: -¡Despierta, despierta,
que la Madre Diosa quiere
que vayas conmigo a verla!
Flotaba en el empedrado
luciente de las callejas
mi corazón de pabilo
trémolo de candilejas...
¡Qué extraño el pueblo dormido
sin motores y sin ruedas;
y las fachadas, pañuelos
dulces de carete y seda!
¡Que soledad tras mis pasos
crujiendo en la carretera
con las alas de los grillos
aserrando la tiniebla!

Me disolví en el rumor
del agua que escapa fresca
de la fuente y que reparte
su cristal por las acequias,
su limpio besar de plata
samaritana en las huertas.
Renací en un pez de oro
tierno de paja de avena,
aventando los luceros,
las colas de los cometas
y sueños de trojes colmas
de media en media fanega.
Y más arriba era encaje
de flor de trama aceitera...
Y más arriba los nimbos
lanares de las ovejas...
Y más arriba... Mi duende
me despertó por sorpresa:
- Éste es su manto fecundo
bordado en hilo de estrellas;
para subir a sus ojos
busca en el alba la senda.
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II SONETO DEL ALTO BESO

Vine a buscar la luz de la mañana
hasta el altar que reservó la diosa
para esparcir, fulgente y dadivosa,
su corazón por todas las ventanas.

Cuando subí bailaban las retamas
y se batían agrestes las mimosas,
por atrapar la caricia amorosa
del rubio espejo cuando se derrama.

El sol que baja y la tierra que asciende
amándose en un beso arrebatado
que al orbe entero desflora y enciende.

Y yo en el horizonte, trasplantado,
hijo en raíz de besos que se hienden,
y en la copa del beso transmutado.

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