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domingo, 20 de septiembre de 2009

CIEN VERSOS DOCENOS

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CIEN VERSOS DOCENOS POR CIEN AÑOS,
DE FAVORES LLANEROS CARMELITANOS



Este poema fue publicado en la revista de las FIESTAS DEL CARMEN DE LLANOS DE DON JUAN, si no recuerdo mal en Agosto de 2004, con motivo del centenario de la fundación de la ermita de Ntra. Sra. del Carmen.



Un siglo son cien años, cien docenas
de meses, cuatrocientas estaciones,
cien Sanjuanes y un ciento de Nochebuenas
treinta y seis miles de lunas y de soles
y casi un millón de horas y faenas,
hijas de cinco o de seis generaciones
con sus luchas y esperanzas, con sus penas,
sus atinos, sus destinos, sus sudores….
¡Si los viejos levantaran la cabeza!
¡Si viviéramos nosotros sus dolores!

Siglo veinte, dice el tango “Cambalache”,
fue un despliegue febril de maldad insolente,
un océano de plomo anegado en sangre,
hervidero infernal de la mala leche:
Hubo guerras inciviles y mundiales,
exterminios y matanzas indecentes,
las trincheras en los campos, y en las calles
barricadas, balaceras y piquetes…
¿Cómo pudo tanto odio amontonarse
y prender fuego a los cinco continentes?

Ardió España, no sabemos quién ganó,
que perdimos todos, eso sí es seguro,
y los odios se aplacaron con dolor,
con miserias y estraperlos de pan duro,
disciplinas de cuartel y religión.
Muy despacio nos fue cambiando el futuro,
Hubo industria, turismo y emigración
(se arrumbaron los candiles y carburos)…
¡Quién el día que Frasquito se murió
se acordaba de aquellos años de apuros!

La tortilla se cambió y resucitaron
los fantasmas viejos de las dos Españas:
Los azules y los rojos atronaron
con sus voces, sus consignas, sus pancartas,
y rabiosas, sus banderas ondearon.
Menos mal que al fin ganaron las palabras
y las botas militares fracasaron
cuando el Rey mandó parar y templar gaitas…
¿Cómo por culpa de cuatro desalmados
pudo hacerse de España una Yugoslavia?


Desde entonces vivimos en democracia
y se alternan los que ocupan el sillón.
A esta España de opulencia y de falacia
ni la mismita madre que la parió
la conoce ya, según cambió su gracia:
Hay “progreso” (¿pero a dónde?), “educación”
(¿y con qué fin?), “bienestar” (¿pesetocracia?)
y “sanidad” (¿mas cuánta en el corazón?...)
¡Cuánto tardará en llegar la aristocracia
a la entraña del pueblo, a cada rincón!


En mil novecientos tres, Virgen del Carmen,
pusiste rumbo a los Llanos de don Juan
y te hicieron una ermita donde anclaste
tu Misericordia hermana de la mar;
desde entonces, como el mar, limpias y barres
con las olas de tu manto la maldad
y a todos los que pedimos tu dictamen
nos socorres con amor y con piedad…
¿Madre mía, cuándo será que se inflamen
nuestras velas con un viento de Verdad?


Tú nos libraste de crímenes y guerras,
de incendios, de terremotos, de inmundicias,
epidemias y de otras grandes tragedias…
Mas no pudiste librarnos de la insidia
que nos hiere en lo más hondo y nos enferma,
ni del lerdo dormitar de la desidia
que nos prende, nos ata y nos encarcela
congelando en el alma la luz más tibia…
¡Si pudieras líbranos, Madre Serena,
de las punzantes heridas de la envidia!


Tú que antaño brillabas en sementeras
y en acequias como cintas plateadas,
y alumbrabas en los cielos de las eras
altos tesoros de trigos y cebadas,
haz que brille por toda la carretera
tu clemencia campechana y confiada,
y que todos enarbolen por bandera
tu pañuelo fino de bondad doblada…
¿No pudieras, Madre, Blanca Marinera,
envolvernos en tu claridad salada?


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