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viernes, 11 de marzo de 2011

MANIFIESTO POÉTICO DE EDUARDO MOGA

 Es la primera vez que publico en el blog un poema que no es mío. Lo hago con éste porque, sin haber leído nada de Eduardo Moga, suscribo totalmente su contenido. Lo he tomado tal cual del blog de mi amigo Emilio Calvo de Mora, a quien agradezco el descubrimiento... A pesar de que cada vez hay más gente que escribe... ¡Malos tiempos para la lírica!

 Relación de reflexiones acongojadas


La poesía no sirve para nada.
La poesía es un arte obsoleto, que corresponde a un estadio primitivo de la evolución de la cultura, y que sobrevive, fuera de lugar y del tiempo, en sociedades mecanizadas, indiferentes al hecho verbal.
La poesía es anacrónica y carece de sentido. El poeta resulta tan necesario en nuestro mundo como el fabricante de miriñaques.
Los poetas se consideran muy importantes, pero su importancia social es nula.
Nadie lee poesía, ni siquiera los poetas.
Muchos editores de poesía tampoco leen poesía.
Si los poetas desaparecieran, no pasaría nada.
En una comunidad hablante de más de cuatrocientos millones de personas, no habrá ni cinco mil genuinamente interesadas por la poesía.
Se escribe demasiada poesía.
Se publica demasiada poesía.
Nadie compra poesía.
Se escribe poesía porque se es infeliz. Los poetas están llenos de complejos, inseguridades y miedos. Con la poesía pretenden que los quieran más. La poesía es una gran muleta.
La gran mayoría de la poesía que se publica es muy mala o, simplemente, carece de interés.
Muchos poetas no saben escribir. Algunos tendrían graves problemas para aprobar un examen de gramática elemental.
Todos los poetas se consideran genios.
Todos los poetas esperan que el mundo reconozca –y recompense– su genialidad.
Ningún poeta está satisfecho con el reconocimiento que obtiene. Todos piensan que el mundo no les ha dado lo que merecen. Todos creen, en cambio, que el reconocimiento logrado por los demás poetas es superior a sus méritos.
Todos los poetas esperan que los demás alaben su poesía.
Los poetas sólo se leen a sí mismos.
La incultura poética de los poetas no conoce límites.
Todos los poetas esperan que los demás poetas les regalen los libros que han escrito, pero que compren los suyos.
Las reuniones de poetas son terrarios.
Las lecturas de poesía son aburridísimas.
La gran mayoría de actos que giran en torno a la poesía –congresos, encuentros, talleres– son aburridísimos. Su único interés radica en que permiten establecer contactos que luego permitan medrar a los poetas.
La mayoría de los críticos de poesía son pésimos. Algunos son analfabetos. Muchos son poetas.
La crítica de poesía sólo se practica para beneficiar a los amigos del crítico o para perjudicar a sus enemigos. El crítico siempre tiene en cuenta sus propios intereses cuando escribe. La crítica desinteresada y objetiva no existe.
El crítico siempre habla de sí cuando habla de los demás.
Los editores subordinan con frecuencia sus decisiones a razones mercantiles que no tienen nada que ver con la calidad del texto. Muchos no saben nada de poesía.
Casi todos los editores se dedican a la edición de poesía para compensar u ocultar su fracaso como poetas. Cuando pueden, se autopublican.
Muchas revistas poéticas son obra de grupos de amigos sin ninguna relevancia literaria, que funcionan sin criterio ni profesionalidad algunos.
Casi ningún premio de poesía vale nada. La mayoría satisfacen intereses locales, editoriales o tribales. Muchos están amañados.
Los poetas suelen integrarse en grupos, frente a los que se constituyen otros grupos. Esos grupos suelen enfrentarse ferozmente. Los novelistas no se constituyen en grupos.
Todo poeta que se inicia como poeta alternativo y crítico acaba integrándose en la estructura del poder.
Es fundamental no indisponerse con los poderosos –críticos influyentes, editores importantes, altos funcionarios culturales, directores de fundaciones o universidades de verano–, aunque sean poetas nauseabundos, sujetos despreciables o retrasados mentales. El capullo de hoy es el mandamás de mañana.
Los poetas nunca dicen lo que piensan. En las presentaciones de libros o actos públicos sobre otros poetas, hablan bien de ellos, aunque los consideren horrorosos.
El poeta es un ser desproporcionado y patético.
Yo soy poeta.
[Publicado en Letras Libres, núm. 53 (febrero 2006), Madrid, pp. 83-84]

3 comentarios:

  1. Hola José:
    Estoy impresionada-espantada-asombrada- con las declaraciones de este señor.
    Todavía no he digerido sus palabras, por lo tanto no puedo elaborar ni transmitirte mi opinión.
    Un saludo.

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  2. Hola, Mª Antonia, me alegro de verte por aquí. Bueno, quizá no debiera haber sido tan categórico en la introducción y decir que suscribo el manifiesto, pero en lo que tiene de ironía exagerada. Creo que la mayoría de las situaciones que se dicen, se dan en la realidad. Yo he intuído algunas de ellas. Sin embargo, por eso mismo, y a pesar de los pesares, la afirmación que más comparto, la que creo que salva el manifiesto es la última frase: YO SOY POETA y seguiré siéndolo a discreción en la medida que me alcancen las luces. Los poetas somos todos socios del Alcoyano, sobre todo los más desconocidos. Creo que eso es también lo que quiere decirnos Eduardo Moga.
    Te invito a que por mucho que te zarandeen pensamientos como estos, sigas sacando tu alma al sol y sigas escribiendo versos. Ellos, pregonados o no, te salvarán.

    Un abrazo

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  3. El último verso es como si viniera a redimir los pecados de los poetas. Menos mal... había llegado a tambalearse el mundo bajo mis pies, porque el otro día no vi la ironía por ninguna parte, si no puro y duro realismo. Ahora bien, si el Sr. Moga ha escrito con ironía (no falta de algunas verdades como puños a tener en cuenta), me quedo más tranquila y seguiré escribiendo sin sentirme culpable de escribir en verso.
    Un abrazo.

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