Como anuncié en una entrada anterior, el sábado pasado participé en "La Casa Azul" de Córdoba en un recital englobado dentro del movimiento 100.000 POETAS POR EL CAMBIO que en estos días mantiene actos similares por todo el mundo. Fue organizado por mi amigo Tomás Illescas y junto conmigo participaron poetas del grupo de "Poetas Andaluces de Ahora" como Amaya Martín, Lola Fontecha, Mª Angeles Asensio, Virtudes Reza o Francisco Velázquez. ,
El poema que dejo aquí fue hecho a propósito para este recital. Habrá quien piense que soy demasiado idealista y yo no le llevaría la contraria, pero puestos a pedir... Para mí el cambio inminente, aunque aún pendiente, es el del cambio de conciencia, el que, individuo a individuo, provoque que la humanidad entre en una nueva era, en una nueva vibración que reúna nuestra mitad divina y nuestra mitad humana, nuestra conciencia ecológica y a la vez espiritual, en personas renovadas capaces de resolver creativa y solidariamente cualquier problema o necesidad política, económica, organizativa... Capaces en suma de construir un mundo en el que valga la pena vivir.
“YO TENGO UN SUEÑO…”
Como el negro Martin
Luther King, yo tengo un sueño…
que me ronda y me crece más
vivo cada noche
y me amenaza con ver
conmigo amanecer.
Me veo recién plantado en
una tierra nueva
al otro lado diáfano de
todas las fronteras,
en una heredad brillante
y fértil donde reina
como dueña y señora la
madre clorofila,
en donde las verdades
cereales de la savia
las miradas, las bocas,
los estómagos colman
y socaban, devoran los antiguos
decretos
oscuros y concretos de
asfalto y de cemento;
donde se agrandan patios
rebosantes de luz
estallantes de flores y
dones hortelanos.
Es una tierra enhiesta
en una vibración nueva
de energías sin cargo de
codicia ni inmundicia
que repiten al astro
dorado y que rezuman
del viento, del agua
inquieta, de la matriz de Gaia
y del miocardio noble de cada ser humano.
El lugar de mi sueño es
un mundo habitado
por humanos señores de
su propia conciencia
y artesanos peritos en el
sexto sentido
que será el más común de
todos los sentidos;
es un lugar sin dioses
donde Dios es la suma
de muchos seres francos
de ojos transparentes,
de gesto dulce y manso y
de mano siempre abierta
donde más que mi miedo,
mi ombligo y mi intestino,
importan los sudores de
nuestras frentes tersas
e importa la certeza de que
sepamos quién somos
qué vinimos a hacer y hacia
dónde va el camino…
Sueño una gran aldea
donde todos se conocen
sin tratarse por títulos
pues todos son familia…
Es un lugar en donde
hace lustros se fundieron
las soberbias colosales,
los poderes maléficos
que ostentaban impunes
los altos rascacielos,
una tierra de gente encendida
a ras de tierra
que ya nunca jamás quiso
vivir amontonada;
y veo abrirse el pecho de
las ciudades grises
en ágoras inmensas con
columnas forjadas
con el plomo guerrero y
el bronce de cañones,
donde nos reuniremos a meditar en masa,
crítica, celebrando el laurel
de la creación,
a conectarnos y a pronunciar
antiguos mantras,
oraciones potentes de hágase
y así sea;
y a concordar con pocas,
con muy pocas palabras
de buen entendedor las muy
escasas leyes
que apenas son precisas
entre gente de ley.
Yo tengo un sueño más vivo y largo cada noche,
que me amenaza con
quedarse a desayunar
y a echar el día entero conmigo
y con vosotros…

















