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domingo, 19 de agosto de 2012

PAN DE AGOSTO

Rescato hoy un poema que tenía guardado, olvidado en la última troje del verano, hecho de recuerdos de aquellos agostos brillantes y dorados que labraban el costoso pan de mi infancia. Tomad y comed...

PAN DE AGOSTO
                                            
La otra noche soñé que volvía a la siembra,
al éxtasis del trigo sepultado y secreto,
al encuentro amoroso del labrador erecto
y la cóncava herida rendida de la tierra;
la otra noche sentí aquel placer en desvelo
de los surcos preñados de intocables promesas
y noté germinarme una querencia añeja
de brotes y de abrazos buscadores de cielo.


Yo era besana en celo y semilla en la fanega,
resoplido de bestia de ijares agitados,
yo el gañán, la mansera, y el yugo y el arado,
ceremonial de Ceres, madre de sementeras.
Desplegué mis raíces buscando besos ácidos
de nitrato y potasa, de acrebite y de hiendas,
me fundí en otro orgasmo penetrando la gleba
al brotar,  indagando caricias de sol plácido.


Luego fue la cadencia danzante de los vientos
y una plegaria hirsuta clamando agua de mayo;
y al final las espigas doradas del milagro
en el vértigo ansioso de un mal presentimiento:
Se cernieron sombreros, alpargatas de cáñamo
y pañuelos oscuros por sobre mis cabellos
y diez hoces verdugas y cien callosos dedos
me rindieron en tierra indefenso y esclavo.


Me dejaron callando mi dolor al relente
de una noche de luna con perseidas y grillos
y amanecí ensartado con los primeros brillos
de un alba presurosa en el ansia barcinante.
¡Qué apurados trajines de cascos, qué crujidos!
¡Qué largo traqueteo por veredas calientes!
¡Qué violencia de horcas en la parva sufriente
a golpe de herradura y amenaza del trillo!


Empezó la tortura mareante y redonda
de chirridos dentados pariendo granos huérfanos,
trinchando mis tendones, mis huesos, los ereros
en medio del martirio cantaban con voz ronca
cantos de tamo y trilla arreando los jumentos.
Y en aquel trance amargo de muerte larga y sorda
en carrusel dorado sin toldo ni coronas
las risas infantiles mi único consuelo.


Rendí mi alma al solano y clamé perdón al padre
por mis broncos sayones, más ellos sí sabían
lo que estaban haciendo y que resucitaría...
bajo forma de pez aventándome al aire.
Cuando plegaba el viento sudaban y decían
con sorna “-Echa compae, que más lleva que trae”
y luego abaleaban con escobones grandes
las granzas y la paja; y el trigo relucía.


¡Que dulce fue mi sueño de afrecho y achicoria,
saberme venerado cual Dios en los altares,
saberme atesorado en las trojes, los costales,
molido y amasado con rito y parsimonia!
¡Qué más alto designio que reparar las hambres
y extender el dorado gobierno de la gloria
de aquel que dejó dicho “-Haced esto en mi memoria.”
y “-Hágase en mi palabra el milagro de los panes”!