Amigos Navegantes:

domingo, 11 de septiembre de 2011

ME PILLÉ LOS DEDOS


DEDO DE HONOR

Tendría unos seis años
cuando me lastimé el dedo índice derecho
jugando a Tarzán, lanzándome al vacío,
a falta de lianas y árboles tropicales,
colgado de una rama de morera,
de moras negras (de esas que con verdes se quitan)…
Nunca más volví a ser varón rampante
y quien sabe si por eso desde entonces
dejé de tener claro el rumbo de mi vida.


Ya de mayor solíamos hacer
muchas reformas en mi casa,
cuando había que derribar
me gustaba coger el cincel
y la machota de albañil,
emular gruesamente
a Rodin o a Miguel Ángel…
No conseguí besos ni piedades de mármol,
sólo agujeros en la pared, cincelar
y endurecer los nudillos de las manos.
En una de las reformas,
me machaqué el dedo pulgar
de un martillazo;
se me puso como el pico de un pato…


Me he cortado alguna vez
con el cuchillo del jamón,
he mudado varias uñas
negras de sangre después de machacarlas
haciendo gaviones de piedra
para evitar la erosión en el campo
(no crean, a veces incluso llevando guantes
y siguiendo las normas de seguridad)…
Erosioné mi piel y mis huellas dactilares,
algo de mi identidad y no sé
si algo de autoestima o valentía.


Ayer me empeñé en mudar de sitio
una piedra aparecida en mi camino
y casi pierdo la última falange
del dedo derecho corazón…
Mudé la uña y me reventé la yema,
(la clara se me montó sola y se puso
a punto de carbón incandescente):
Cinco puntos de sutura en urgencias,
refuerzo de antitetánica,
Amoxicilina Clavulcánico,
Lisinato de Ibuprofeno
y el dedo entablillado tres semanas, "doigt d´honneur",
burlándose obsceno "haciendo la peseta"...
A los amigos les digo
que me tronché el dedo escribiendo
con fuerza, con pasión, con apretura
y que el papel se llevó la peor parte.
.

Y la verdad es que uno escribe su vida
a veces con demasiada apretura,
con gravedad exagerada,
pillándose a veces los dedos,
a veces la lengua, a veces el corazón,
a veces la brújula o la razón,
la fuerza o el compromiso,
pillándose la propia identidad
que los dedos representan,
a veces sin pensar que a veces
más vale rodear las piedras
que querer cargar con ellas,
más vale encaramarse, sobrevolar
de rama en rama sobre los pedregales
que un día la erosión, el agua
o el viento se encargarán de demoler,
mientras las moras maduras en la altura
se nos ofrecen dulces y obsequiosas…
Espero no olvidarlo nunca, es más, prometo
que la próxima piedra que se cruce en mi camino
me servirá para sentarme a meditar tranquilo
a filosofar sobre lo dura que es la vida
y sobre lo artista que hay que ser
para sacar besos piadosos de la piedra.