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sábado, 26 de septiembre de 2009

A BAEZA Y ANTONIO MACHADO

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POR QUÉ BAEZA NO RIMA CON CABEZA
Abril 2004



En Baeza, la noble Baeza,
han probado a sembrar de farolas,
de farolas y arbolitos tiernos,
los pasos maduros,
los pasos de sombra,
los pasos vencidos,
de la tarde del buen don Antonio.

Yo he venido buscando sus pasos…

En Baeza, la ilustre Baeza,
paso sí, paso no una farola,
paso no, paso sí un arbolito;
han querido sembrar el camino,
y cubrir y marcar el camino,
pero han tronchado los arbolitos
y estallado todas las farolas,
del paseo del buen don Antonio.

… sus pasos, verdes niños cipreses…

En el Nido Real de Gavilanes
ya no vuela sobre el olivar
la lechuza, ni en Santa María,
ni la espanta San Cristobalón.
Ahora vuelan y graznan los mirlos
animados por negros espíritus…
Con sus sombras de infaustos presagios
unas cuantas palomas combaten
pincelando en blanco la mañana,

… Aunque han puesto en sus pasos farolas…

En Baeza, Piedra de Castilla,
la ciudad de novecientos nobles,
han metido entre hormigón armado
la cabeza del buen don Antonio
y le han hecho mirar las mañanas
de la sierra nevada de Mágina…
Le han escrito en la frente palabras
que, aunque blancas, no son sus palabras;
y a don Antonio decapitado
se le ha puesto hielo en la mirada.

Yo he venido buscando sus pasos,

sus pasos, verdes niños cipreses,
y aunque he visto en sus pasos farolas,
no sé bien porque toman en vano
el nombre manso de los poetas.




viernes, 25 de septiembre de 2009

A LA SEÑORA DE LA SIERRA DE CABRA

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Estos dos poemas de finales de 2003, un romance y un soneto, los presenté conjuntamente con el poema RETRATO DE PEDRO ADENTRO, dedicado a Pedro Iglesias Caballero, al concurso de su mismo nombre, ya inexistente. Espero que mis poemas permanezcan, al menos en el espacio virtual y me sentiría pagado con que algún egabrense atento me mandase algún mensaje diciéndome que le han gustado, junto con el poema a Pedro. Aunque no nombro a la Virgen de la Sierra expresamente, están inspirados en las huertas de Cabra y en el picacho de la Sierra, el romance pretende retratar un leve sueño de visiones rurales idílicas casi perdidas, y el soneto quiere captar el instante del amanecer en la Sierra de Cabra.


ROMANCE DE DUEN...DE REINA

Fue en una noche de junio,
de biznaga y de verbena,
cuando el plato de avellanas
se derrama en mil estrellas
y un queso grande y redondo
cuelga del cielo y se seca
en el humero exaltado
que sube de las hogueras...
Debí de haberme dormido
en la sonora humareda
cuando un duende bailarín,
voz de flauta travesera,
deslizándose en mi sueño
dijo: -¡Despierta, despierta,
que la Madre Diosa quiere
que vayas conmigo a verla!
Flotaba en el empedrado
luciente de las callejas
mi corazón de pabilo
trémolo de candilejas...
¡Qué extraño el pueblo dormido
sin motores y sin ruedas;
y las fachadas, pañuelos
dulces de carete y seda!
¡Que soledad tras mis pasos
crujiendo en la carretera
con las alas de los grillos
aserrando la tiniebla!

Me disolví en el rumor
del agua que escapa fresca
de la fuente y que reparte
su cristal por las acequias,
su limpio besar de plata
samaritana en las huertas.
Renací en un pez de oro
tierno de paja de avena,
aventando los luceros,
las colas de los cometas
y sueños de trojes colmas
de media en media fanega.
Y más arriba era encaje
de flor de trama aceitera...
Y más arriba los nimbos
lanares de las ovejas...
Y más arriba... Mi duende
me despertó por sorpresa:
- Éste es su manto fecundo
bordado en hilo de estrellas;
para subir a sus ojos
busca en el alba la senda.
.
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II SONETO DEL ALTO BESO

Vine a buscar la luz de la mañana
hasta el altar que reservó la diosa
para esparcir, fulgente y dadivosa,
su corazón por todas las ventanas.

Cuando subí bailaban las retamas
y se batían agrestes las mimosas,
por atrapar la caricia amorosa
del rubio espejo cuando se derrama.

El sol que baja y la tierra que asciende
amándose en un beso arrebatado
que al orbe entero desflora y enciende.

Y yo en el horizonte, trasplantado,
hijo en raíz de besos que se hienden,
y en la copa del beso transmutado.

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PAISAJE DE PEDRO ADENTRO

Este poema pretende ser una semblanza del poeta de Cabra "Pedro Iglesias Caballero" (1893-1937). La presenté en 2003, cuando yo daba clase en Gaena, una aldea de Cabra, a un concurso ya desaparecido que llevaba su nombre y para variar no hubo suerte (o no sé lo que no hubo). Tuve oportunidad de leer algunos poemas de Pedro que me impactaron y el poema es quizá un tanto mimético de algunos de los suyos, especialmente en lo que respecta a algunas expresiones y vocabulario "semicastizo".
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Era, limpio y bruñido, un canto de diamante,
templo encumbrado al sol primero del edén,
juncal jinete a lomos de un etéreo corcel,
pegaso de compás y paso luzandante.
Era, fulgor de plata, una mirada fiel
amante de los lirios que, en ardor vertical,
estallan y redimen del viejo muladar
el estiércol de rosas tronchadas del vergel.
Era, en pródiga siembra de verbo candeal,
una voz barcinante de perlas y de brillos
que, aromada en dulzores carnales de membrillo,
aventaba áureos granos en parva cenital.
Y era, fino hilandero de gráciles ovillos,
bordador de caminos sin sábulos ni abrojos,
por donde caminaban campantes, a su antojo,
graciosos y valientes, sus versos cual chiquillos.
Yo, asomado a los hondos brocales de sus ojos,
he sabido de un cielo cuajado de almalbores
y espejos que irisaban de límpidos colores
una tierra sangrante de cálices y brotos.


De los claros ajímeces de sus miradores
he ascendido en la estela viajera de sus niñas,
y he robado en las copas de los pinos las piñas,
y he cortado la flor más alta en los alcores.
Llevaba en sus alforjas la luz de la campiña,
el misterio balsámico de la pulpa perlada,
y en sus manos la sombra sarmentosa y alada
de los pámpanos verdes lairenes de las viñas.
En su voz la canción del agua apresurada
al encuentro amoroso de las tornas sedientas,
que colmaba de pomos milagrosos las huertas
en su místico afán de ascender vaporada.
Aderezo de hinojo, de meloja y pimienta
corre en los cangilones perfectos de su noria,
manando, chorreadores, dulces caños de gloria,
besos en almorrones de frentes macilentas.
No conoció los sorbos amargos de achicoria,
pues, cuando reventaron, mortales, los claveles
del odio, se fue encima del carro de Cibeles
a dormir en la espuma fugaz de la memoria.
La diosa, como a Atis, lo revivió en laureles,
ofrendas de canéforas y albas lanas merinas
surcando la realenga celeste aguamarina,
senda de los aromas sedosos y pasteles.
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Cuando la luz del alba toca sus ocarinas,
y despiertan las alas prendidas como hogueras,
él, con su novia Carmen, pinta la sementera,
esparciendo aserrines de estrellas bailarinas.
Los vierte, complacido, en las púrpuras ojeras
de los poetas verdes, que apuntan con el día
su mirada a las cumbres buscando la poesía
lloviza que les cure el dolor de la quimera.
Así ejerce su oficio en la sutil cofradía
de gloria donde ingresan puros ángeles vates,
servidores del verbo en su desfile triunfante
por las altas cañadas de la filantropía.
Pedro es un canto limpio y bruñido de diamante,
templo encumbrado al sol primero del edén,
juncal jinete a lomos de un etéreo corcel,
pegaso de compás y paso luzandante.


José Puerto Cuenca
“Maestro” al raso de Gaena (Cabra)
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No he encontrado mucha información del poeta en la red, pero sí este enlace:

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Y en este enlace se puede ver en pdf la página 48 de Blanco y Negro del 14 de junio de 1925 con un poema de Pedro Iglesias:

CÁNDIDO SON DE AMORES TERRENALES


Recojo aquí una serie de media docena de sonetos alejandrinos que escribí en el verano de 2006 y que presenté, una vez más, a un concurso, esta vez de humor... no hubo suerte para variar, pero bueno yo me divertí, espero que tú te "rediviertas" con ellos.




AMOR MORDISCO VERDE

(Declaración de amante promiscuo)


Os amo a todas, muchachas de curvas sinuosas,

porque sois las verdades turgentes de la tierra;

os amo porque en vuestras faldas prietas se encierra

la entraña de la vida creciente y milagrosa.


Adoro desnudaros, rendidas y obsequiosas,

hacer trizas con mimos y con besos las telas

ceñidas que atesoran vuestra más tierna esencia:

vuestros cándidos huesos de médulas jugosas.


En vuestro amor sucumbe mi lengua ávida y fofa,

y es delicia prohibida la orgía, el zarangollo

verriondo en que me inhumo y disfruto como un cerdo.


Lechugas refinadas, verdinas alcachofas,

coliflores, lombardas, seáis coles o repollos…

¿Os han mordido amores como yo os amo y muerdo?




AMOR JAMÓN

(Declaración de amante jampón)


Jamás, como ahora gimo, gemí de amor tan dulce,

mis ojos de codicia sonámbula en atraco,

baba y jadeo mi boca lasciva de verraco,

como ahora que ante mí, yaces desnuda y de bruces.


Jamás juré sin par devoción, pasión sin cruces,

jaleo y aflicción del ser maganto y flaco,

como ahora que te juro con ansias de jabato

que me hechizan tus nalgas y tus morros me abducen.


¿Que será de mis hijos, mi mujer si me fugo

contigo a los jardines colgantes de bellotas?

¡Me matarás de enjundia, cebón y mantecoso!


Cerda de mis tocinos, princesa de Jabugo,

¡que me cubran con una roja manta de lonjas

finas de tus sensuales andares perni…ociosos!





AMOR DESMESURADO

(Confesión de amante directo)


Me esperabas y llego y mi presencia te enciende,

lo noto y te levanto la falda sin contienda,

te me abres y penetro, resuelto entre tus piernas,

muriendo en tus vestidos abrazos… ¡tan calientes!


Mejor no te desnudes, no sea que de repente

rompamos el hechizo febril de la adherencia…

que no acabe este orgasmo perenne en la turgencia

encarnada que emerge del fondo de tu vientre.


Me dormiré cual recién nacido en tu regazo

soñando con limones y ascuas de mantequilla;

despiértame a la aurora, mi amor, si vivo acaso…


Sufrida mesa estufa, gentil mesa camilla,

me salve o me condene… ¡Que el cielo está aquí abajo,

colgando fleco a fleco en tus mansas enagüillas!




AMOR MORTÍFERO

(Aviso para amor no consentido)


Me buscas, ignorando la fe con que te huyo,

insistes en el bronco cortejo con que asedias

mis carnes delicadas y entecas entre medias

caricias de uñas largas que me urgen a ser tuyo.


No sé porqué porfías, candonga en el arrullo

y el esmerado tacto sutil con que me apremias,

pues cuanto más me palpas más crece en mí la astenia,

y el asco que me brota silencia tu murmullo.


La yerras si me crees muñequito de almíbar

y que puedes ganarme como al buen don Antonio

con tu juego volante, sensual y lujurioso.


¡Amante chupadora, a ver cómo ahora esquivas

la ley de la palmeta!... ¡Díptera del demonio

me has hecho un asesino convicto y alevoso!


“Vosotras, moscas vulgares,

me evocáis todas las cosas”

ANTONIO MACHADO



AMOL MELOCOTÓN

(Diálogo de amor meridional)


Anoche tuve un sueño, mi amol, maravilloso;

fue dulce sensación que, extraña y placentera,

me hizo arder en miríadas de chispas y de estrellas

en viaje sideral por el cosmos jubiloso.


Era a la vez flotar en el más alto gozo

con los sentidos llenos y las carnes abiertas;

y fundirse en el núcleo candente de la tierra

derretido en arroyos de espasmos extasiosos.


─ Ya veo que fue tu sueño dorada plenitud

donde te deleitaste; mas ¿me dirás, mi amol,

qué fue lo que soñaste en tamaña magnitud?


─ Soñé que era mi culo un dulce melocotón

jugoso y naranjado, mi amol, mientras que tú…

Tú te regocijabas… Sorbetón a sorbetón.



AMOR APREMIANTE

(Diálogo del amor oprimido)


Al entrar en la suite, ─¡Ea, ya llegó la noche!,

le dijo ella entregada, al esposo flamante.

─ Nunca quise sin firma ser tu hembra ni tu amante

y aguardé limpia y virgen el solemne descorche.


─Mas no sé qué me daba cuando al salir al porche

de la iglesia, entre lluvia de arroz ametrallante

me dijiste muy quedo, con susurro apremiante:

─Nena, ¡qué ganas tengo de que llegue la noche!


Y luego en la sesión de fotos y el convite

bufabas, suspirabas: ─¡Nena, me desbarato

porque anochezca y pueda…!, ¡diez veces repetiste…!


Y él, rojo y sudoroso, le dice con recato

de ternura inocente, de asombro y despiste:

─ Cariño… ¿A ti también te apretaban los zapatos?





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domingo, 20 de septiembre de 2009

CIEN VERSOS DOCENOS

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CIEN VERSOS DOCENOS POR CIEN AÑOS,
DE FAVORES LLANEROS CARMELITANOS



Este poema fue publicado en la revista de las FIESTAS DEL CARMEN DE LLANOS DE DON JUAN, si no recuerdo mal en Agosto de 2004, con motivo del centenario de la fundación de la ermita de Ntra. Sra. del Carmen.



Un siglo son cien años, cien docenas
de meses, cuatrocientas estaciones,
cien Sanjuanes y un ciento de Nochebuenas
treinta y seis miles de lunas y de soles
y casi un millón de horas y faenas,
hijas de cinco o de seis generaciones
con sus luchas y esperanzas, con sus penas,
sus atinos, sus destinos, sus sudores….
¡Si los viejos levantaran la cabeza!
¡Si viviéramos nosotros sus dolores!

Siglo veinte, dice el tango “Cambalache”,
fue un despliegue febril de maldad insolente,
un océano de plomo anegado en sangre,
hervidero infernal de la mala leche:
Hubo guerras inciviles y mundiales,
exterminios y matanzas indecentes,
las trincheras en los campos, y en las calles
barricadas, balaceras y piquetes…
¿Cómo pudo tanto odio amontonarse
y prender fuego a los cinco continentes?

Ardió España, no sabemos quién ganó,
que perdimos todos, eso sí es seguro,
y los odios se aplacaron con dolor,
con miserias y estraperlos de pan duro,
disciplinas de cuartel y religión.
Muy despacio nos fue cambiando el futuro,
Hubo industria, turismo y emigración
(se arrumbaron los candiles y carburos)…
¡Quién el día que Frasquito se murió
se acordaba de aquellos años de apuros!

La tortilla se cambió y resucitaron
los fantasmas viejos de las dos Españas:
Los azules y los rojos atronaron
con sus voces, sus consignas, sus pancartas,
y rabiosas, sus banderas ondearon.
Menos mal que al fin ganaron las palabras
y las botas militares fracasaron
cuando el Rey mandó parar y templar gaitas…
¿Cómo por culpa de cuatro desalmados
pudo hacerse de España una Yugoslavia?


Desde entonces vivimos en democracia
y se alternan los que ocupan el sillón.
A esta España de opulencia y de falacia
ni la mismita madre que la parió
la conoce ya, según cambió su gracia:
Hay “progreso” (¿pero a dónde?), “educación”
(¿y con qué fin?), “bienestar” (¿pesetocracia?)
y “sanidad” (¿mas cuánta en el corazón?...)
¡Cuánto tardará en llegar la aristocracia
a la entraña del pueblo, a cada rincón!


En mil novecientos tres, Virgen del Carmen,
pusiste rumbo a los Llanos de don Juan
y te hicieron una ermita donde anclaste
tu Misericordia hermana de la mar;
desde entonces, como el mar, limpias y barres
con las olas de tu manto la maldad
y a todos los que pedimos tu dictamen
nos socorres con amor y con piedad…
¿Madre mía, cuándo será que se inflamen
nuestras velas con un viento de Verdad?


Tú nos libraste de crímenes y guerras,
de incendios, de terremotos, de inmundicias,
epidemias y de otras grandes tragedias…
Mas no pudiste librarnos de la insidia
que nos hiere en lo más hondo y nos enferma,
ni del lerdo dormitar de la desidia
que nos prende, nos ata y nos encarcela
congelando en el alma la luz más tibia…
¡Si pudieras líbranos, Madre Serena,
de las punzantes heridas de la envidia!


Tú que antaño brillabas en sementeras
y en acequias como cintas plateadas,
y alumbrabas en los cielos de las eras
altos tesoros de trigos y cebadas,
haz que brille por toda la carretera
tu clemencia campechana y confiada,
y que todos enarbolen por bandera
tu pañuelo fino de bondad doblada…
¿No pudieras, Madre, Blanca Marinera,
envolvernos en tu claridad salada?


sábado, 19 de septiembre de 2009

POESÍA URBANA

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Octubre 2006.

Como ahora está tan de moda la poesía urbana,
yo, que soy un poeta aldeano y quasianónimo
(que no diré anodino por no escatologizar,
pues siempre hay quien se escatologiza y se anonada por nada),
o sea que como digo, yo que soy un poeta cateto,
(y honradamente lo prefiero a ser un bardo hipotenusa
que hay palabros que mejor que no sean proferidos)
he venido a esta gran ciudad soberbia y deslumbrante
porque, aunque la leche cateta de ordinario
suele brotar espléndida, de teta sana y conocida,
me gustaría mamar aunque fuese algún breve “chijate”,
(diríase en mi pueblo, rimándolo con vate,
lo que aquí fuera “chorrito” rimado con poetito);
en fin, entiendan: un trivial saltadorcito
de esa otra leche descremada y descreída,
de la leche desenterada y desnutrida
que sale de esta fina y elegante ubre,
de esta urbe en la que chupan, se chivan y chochean
los poetas posmodernos de cierto renombre;
esos que salen en los suplementos culturales de los diarios
y publican poemas llorones y biliosos
que suenan como graves epitafios post mortem.
(Requiescant in pacem... ¡Aamen!...
... requiescant et ament... et pauco et bono scribant)

... He bajado del coche de línea traqueteado y con mareos,
y no he llegado a oscular del todo las baldosas
recién enjabonadas del zaguán de la estación
por temor de que el ósculo tornase en culetazo,
y notando mi extraña maniobra, sacudiera
la sufrida limpiadora la cabeza, satisfecha
de su oficio... y aliviada por no ser mi psss...iquiatra.
Así que apenas hacer pisss..., he salido a la calle deseando conectarme
con el alma maleable de este hormiguero alquitranado
que envuelve a tanto ciudadano y ciudadana de bien, y de biena
digamos para ser politéticamente correctos y correctas...
(bueno, las ciudadanas, correctas, e incluso incorruptas,
para mí que mejoran bastante cuando son con curvas);
pero como digo estoy deseando imbuirme de los espíritus
guiñadores, llamativos y mutantes, que habitan
en las promesas del neón, a veces tan de non;
de esos espíritus presos, deseosos de escapar de sus escaparates
donde todo, hasta los disparates, se vende cada día más barato...
a que me conquisten y me desbaraten las musas,
esas musas mocosas que pueblan los rincones en penumbra,
sucios de tachones de spray y espolvoreados de azufre
por las mismas madres de los mismos borrachos meones y temblones
que se maldicen unas a otras diciendo: ¡Que polvos más desperdiciados!,
(que pienso lo dirán seguramente porque sepan que el azufre
para lo que tiene su mejor utilidad es para que no se piquen las tomateras...)

Pero bueno, esto sólo son estampas, aunque uréicas, anecdóticas,
de la por otra parte tan saludable y exquisita vida ciudadana...

Confieso que estoy bastante esperanzado en mi suerte,
y para paliar en parte mi paisana compostura,
he tenido la precaución de desprenderme de la gorra de visera
y procuro no circular con la boca abierta ni adoptando
el típico gesto ingenuo de atolondre, que a la legua
casi siempre nos delata a los pueblerinos.
También pongo cuidado de no meter el queso
en las catalinas de perro que siembran las aceras.
(Vean que no pongo caninas por no forzar la rima interna...)
La verdad que, acostumbrado como estoy al tufo del estiércol,
no obstante me agobia tanta profusión ¡y tan pegajosa!;
y de otra parte no es buena postura para la inspiración
la del que deambula continuamente cabizbajo y aprensivo...
(... Aunque no se podría decir tampoco que este cielo tan parcelado
fuera especialmente propicio a singulares trances iluminatorios...)
De todos modos yo sé que éstas son sólo pequeñas contrariedades
de la vida civilizada y conurbana, que se ven compensadas de lleno
con la tranquilidad que dan las ordenanzas municipales
y el estímulo sensible del lubricado mecanismo de la vida vaginal,
¡perdón, quise decir vecinal, que no sé en que estaba yo pensando!...

Así que, aunque siempre me gustó más el arroz con leche,
procuro flanear, ni altivo ni sumiso, con la mirada al frente
y el cogote a cubierto, tal como me enseñó el sargento Berruguete;
con el rabillo del ojo presto a cuanto de inesperado me competa
para evitar en lo posible los peligros inmundos del tráfico mundano.
(nótese de nuevo como evito la rima con butano, con trompeta y con retrete).
Siento que mis poros se abren a una nueva e inefable realidad
mucho más densa y sustanciosa -¡dónde va a parar!-
que la que acostumbro a trasegar en mi poblado;
y noto en las mucosas y en los capilares más recónditos
que este aire cargado de anhídridos y de miradas seductoras y cortantes,
este aire que alimenta los ijares de tanto humano acolmenado,
acabará refinando mi sangre gorda y rústica
tornándola en otra tan etérea y voluble como la gasolina sin plomo;
y qué duda cabe que mi corazón empezará a carburar
mucho mejor de lo que lo hace ahora que arrastra tanto poso agreste.
Sé que se me va a aguzar el ingenio del lobo dormido que llevo dentro
y voy a saber captar la esencia de la verdad que mueve el mundo;
todo dependerá de mi solicitud en atrapar la ocasión
con suaves y certeros zarpazos de lince ciudadano
(¡“ciudadano”!... ¡Oh qué palabra tan digna y tan derecha,
qué hermosa en boca de ministros y consiliarios,
qué palabra, digo, para un poema épico universal!
–sin rima, sin estrofa ni estrambote, ¡faltaría más-!)

Siento que voy a escribir de un momento a otro el peoma... ¡digo el poema!...
de mi vida (me equivoco porque al fin y al cabo se trata de una airosa liberación...)
un poema que venderé a precio de oro viejo a un editor...
a un editor pos ¿como diré?... pos posmoderno.
Ya sabía yo que para no desentonar de la poesía de este siglo flamante y digital,
tenía que cambiar la poesía virtuosa por la poesía virtual,
dejándome atrás el vocabulario mesurado, autocensurado y tonsurado,
tenía que dejarme en el cajón de la cómoda los metros y las rimas que tanto la afean,
ir suelto de manos procurando no metrometerme ni andarme por la ramas...
(Aparte de los pocos árboles disponibles, la policía municipal podría alarmarse
y llevarme al cuartelillo acusándome de “varonía rampante”...
Eso sería una vergüenza para mi familia y me desengloriaría sobremanera);
y yo he venido a la ciudad a engancharme y a mamar en la poesía urbana,
a enamorarme de las farolas ingrávidas y escuetas de los bulevares,
de los parterres de tierra sintética y florcitas delicadas
(¡qué dónde van a parar con los vulgares arriates de geranios de mi pueblo!),
a prendarme del mobiliario urbano animalista... ¡digo minimalista! de diseño
y de las muchachas famélicas de lacias melenas y uñas largas,
de las muchachas de tacón alto y ombligo descubierto y piercingado,
de las muchachas descotadas, descogotadas y desdenmediadas,
de las muchachas de labios prietos recortados en marrón
que tanto glamour rezuman cuando fuman o manejan el móvil último modelo.
(¡Vaya, se me coló la rima interna: la carne, incluso magra, me sigue descentrando!)

Definitivamente estoy que me salgo de fauce,
nunca imaginé que el efecto ciudadano fuese ¡tan rápido, tan intenso...!
En este preciso instante me dirijo al Corte Inglés...
Es más, ya estoy en la misma puerta y puedo oler los “Chaneles” y los “Ohdetés”,
y deleitar mi vista con los expositores repletos de increíbles y ordenados tesoros
y con las sonrisas uniformadas y pletóricas de urbanidad de las empleadas...
Ahora me quedo eclipsado por la inimitable perfección
de un adorno floral de margaritas de un plástico ¡tan real, tan refinado!
que se me agolpa la emoción en los ojos y el gaznate y...
Siento que me voy a romper en versos solemnes de un momento a otro...
¡Ya veréis, ya veréis qué oda floreada voy a publicar dentro de poco...!

...Bueno, estooo,... por si no me saliera tan bordada... ya que estoy aquí
voy a buscarle a mi señora, en la sección de delicatessem,
dos latitas de pimientos del piquillo que me ha encargado:
Los hace con un relleno de chicharrones a las finas hierbas... ¡tan delicado!
Mi señora, ya ella sola de por sí es un amor bucólico,
pero con pimientos en salsa y un poquito de pan moreno...
¡Vamos, que la mismísima Arcadia profusa y rubicunda no tuvo mejor reina...!
Me voy... me voy a por las latas y a picar algo en el “restorán”,
y después a la estación y a picar el billete de vuelta...
(No sé si luego en el pueblo me voy a acordar de tanta poesía y tan fina...
o si tendré que conformarme con la inspiración rural, aunque dispuesta,
que siempre proporcionan los humildes geranios y la flor de sardina.)
En fin, ¡a qué negarlo!... ya ven ustedes que, por más que amague,
por más que me soflame y me encocore cantando sentidas palinodias...
Soy un poeta aldeano y ¡no consigo, no consigo irme a la mano!



EL CANTO DEL ALDEANO


EL CANTO DEL ALDEANO

(Premio “Castillo de Cortegana” de Poesía 2003)

I CANCIÓN DE TIERRA


Venid todos los hijos rodantes del cemento,
salid de vuestras prisas, acompasad los pasos,
venid, juntos vayamos despacio por los campos
barriendo los antiguos caminos polvorientos.
Unámonos radiantes y excelsos en un canto
formando tibios corros de luz por los barbechos,
movamos las raíces, limpiemos los desechos,
la gracia de los genios profundos invocando.
Hundid los pies desnudos, plantadlos en el suelo,
conectad verticales con el fiel de la tierra,
hinquemos nuestros ojos en luminosa siembra,
llovamos como besos penetrando su lecho.

Venid, moved la gleba, trazad besanas vivas,
peinad con vuestras manos los broncos almorrones,
sembrad vuestros alientos bajo de los terrones
y aguardad el misterio que en la sombra respira.
Al sol germinaremos, erectos como espadas,
mas seremos mazorcas y seremos espigas
y serán amapolas las únicas heridas
y serán hortelanas las únicas granadas.
Con gozo aventaremos altos los trigos limpios
y amasaremos panes dorados y con alas
que llevarán nutricios milagros donde vayan,
bordando las sonrisas colmadas de los niños.


II CANCIÓN DE AGUA


Venid los derretidos paisanos del asfalto,
no temáis los zarpazos de la sed ni del hambre,
no temáis que los rayos del sol os arañen,
ni a que el barro os maltrate los pies sin zapatos.
Buscad el brillo oculto en vuestros propios estambres,
que delata el rocío derramado en los labios,
y hallad eterno y niño, como crece saltando,
vuestro candor de dioses gestándose en la sangre.
Bebamos sin recelo del agua sanativa
que brotará en desiertos y en nuevos manantiales,
llevando a nuestras venas las perlas minerales
que nos guarda la tierra, Gran Madre precavida.

Venid y que en las norias rueden los cangilones,
que los chorros de plata den cuerda a sus clepsidras,
y que corran las aguas libertas de las hidras,
esparciendo el consuelo en los secos caballones.
Cortad, sorbed las uvas maduras y moradas;
y el dulzor de manzanas y de melocotones
convertid en buen vino y afrutados licores
que ensanchen las antiguas arterias fatigadas.
De noche haremos fiesta sagrada de vendimia,
se mezclarán las sangres de todos los rincones,
y juntos bailaremos altos bailes de amores
en ágape infinito de una sola familia.


III CANCIÓN DE AIRE


Venid los dormitantes en promiscuas colmenas,
rehuid la umbría carcoma que vaga por las calles,
buscad cielos abiertos sin puertas y sin llaves:
que los cubiles foscos no sean vuestras condenas.
Dormiremos al raso estelar de los oteros,
cubiertos por ensueños, viajeros en melenas
de brisas hacia prados sin muros ni cadenas:
que despertar podamos pletóricos y enteros.
Volad, los cuatro vientos serán nuestros hermanos,
venid que nos henchamos y henchidos habitemos
los vientos de bonanza terrales y mareros,
planeando por encima de alisios y solanos.


Respirad y troquemos hollines por fragancias,
sorbiendo un aire vivo que alivie los pulmones;
con la simple batalla de las respiraciones
las podres limpiaremos y las escorias rancias.
Soplad, renaceremos del hálito divino
que en nuestras fontanelas de continuo se escancia,
y en él nos creceremos en alma y elegancia
hacia torres celestes vigías de los destinos.
Venid, nos recrearemos de espíritu y de arcilla,
venid, no habrá más guerras ni habrá más desatinos
pues todas las contiendas serán soplo y suspiros
de amor, declaraciones flagrantes de la vida.


IV CANCIÓN DE FUEGO


Venid los tripulantes de naves asesinas,
quebrad los cigüeñales de todos los motores,
que no maten más aire las sucias combustiones
ni en las venas metálicas corra la gasolina.
Construiremos carrozas ligeras y tractores
movidos por la fuerza esencial del universo,
que vibra en los sutiles pegasos del dios Helios
y mueven hipocampos de mares superiores.
Domad el fuego vivo que os arde en los volcanes
del pecho y prisionero llevadle, nunca dueño,
sumiso del monarca que rige nuestro imperio
de simientes ansiosas de chispas siderales.

Venid y veros tenues luciérnagas ardiendo,
llenad toda la tierra con vuestras luces trémulas,
¡Saberos llamas vivas, velas, antorchas, lenguas
de fuego mientras arde su cera y van muriendo!
Arded, no tengáis miedo al vuelo de las pavesas
ni a que vuestros pabilos se vayan consumiendo,
que si no ardemos vivos ¿Para qué viviremos
si no es la vida más que el temblor de la candela?...
Venid, surtid candiles, labrad, prended las mechas,
sembrad, la sombra es mucha y urgente es la tarea
de alumbrar que nos llama a la plaza de esta aldea:
¡A la campiña hermanos, que es hora de la siembra!

viernes, 18 de septiembre de 2009

ABUSO A NAVEGANTES


ABUSO A NAVEGANTES:

(Pincha en la imagen para ampliarla)



Salud, amigos navegantes,
Bienvenidos, marineros perdidos,
marineros pescados y enredados,
bienllegados a esta cala escondida
en no sé qué orilla ignota del proceloso
océano de la blogosfera poética.


Bienvenidos a este islote flotante
adonde me arrojaron las mareas
robinsón de la nave corsaria del desprecio
y donde vago orate y en harapos,
odre de yodo y mareado por el sol y las rompientes;
bien vengáis a esta aldea puntual donde subsisto a duras venas

cultivando mi huerto primitivo
con el agua lloviza que recojo en el sombrero.

Bienvenidos a este puerto,
sin burdel y sin mercado de esclavos,
donde os brindo, espero, algo de buena sombra,
unos bocados de frutas desusadas

algún sorbo de anís de Rute naufragado,
calor de hoguera y brisa de montaña...
Pero no quiero engañaros, a decir verdad,
me hace dudar mi insolación de sol y soledad
de que este mío no sea un puerto imposible,

como imposible es nivelar fosas y cimas
sin grandes terremotos que mejor no vengan;
y éste sería un puerto marinero de montaña
de un litoral adentrado Tajo arriba,

allá en la serranía de una ciudad encantada por la piedra...
(No me hagáis caso,
no echéis cuentas de mi desvarío
pues si acierto con mi nombre

de José que es Dios acrecentando,
todavía me sigue intrigando y me confunde
la hermética causalidad de mis dos apellidos,
así que mejor dejemos ese punto...)



Sabed empero sin engaño
que arribasteis a este puerto
(dejemos a un lado si marino o si serrano)
llamados por el fuego de mis naves,
por las llamas de mis versos incendiados
que alimentan el fanal discreto que os atrajo...


Atracad vuestro barco sin cuidado,
que por ser vosotros no os cobraré el amarre,
atracaros de versos, más no me atraquéis,
por más viejos lobos que seáis,
no me seáis piratas ni caníbales, sed limpios;
podéis tomar mis versos y sembrarlos

en otras tierras, en otras manos, en otras borracheras,
mas no os los llevéis ni entreguéis sin mi nombre ni mi gracia,
pues sólo me cumple la íntima y eremita vanagloria
de que este puerto, este mar y esta montaña
sigan creciendo como Dios conmigo.

No me deis las gracias pues no las merece...
Al fin y al cabo, acabaré de confesarlo,
este saludo de visos delirantes

no es más que un viejo mensaje embotellado
flotando a la deriva en busca de vuestro auxilio.
José Pueřto Cuenca
(Viejo vate novato, esperador de estrellas)



Nacimiento del Río Tajo en los Montes Universales.
(El río nace en realidad en provincia de Teruel, pero muy cerca de la Serranía de Cuenca.
La foto fue tomada en agosto de 2009 y, como no, el cauce estaba seco)

Ciudad Encantada de Cuenca